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  • estoy cansado

    estoy cansado
    me gustaria dormir de un tiron como cuando era niño
    ya casi nada es como cuando era niño,
    los días se escapan,
    las personas me cansan
    si pudiera descubrir el amanecer de mañana como un nuevo amanecer
    como cuando era niño

  • Roma,

    siempre que vuelvo de Roma pienso lo mismo, NO VOY A VOLVER JAMAS. y sin embargo, ya ves vuelvo siempre, que soy requerido, con lo tranquilo que estoy en Comala, que se me ha perdido a mi entre las vetustas paredes del palacio di los Meseroti, dond tiene su sede la oficina de obras exteriores, y sobre todo, no tendrán a nadie más a quien consultar estosy nuevos gerifantes de las obras exteriores que a este anciano retirado del mundo y casi de la vida.

    desde la muerte del polaco, Roma ha perdido encanto, el aleman, si ser desagradable, no deja de ser el chupa tintas que siempre fue, com es posible que no se den cuenta,

    en fin, no voy a volver a roma hasta que me vuelvan a llamar.

  • Acaba de irse Esperanza

    Acaba de irse Esperanza, ¿Qué estará pensando ahora? Que seguramente aún este bajando en el ascensor que le lleve al hall del hotel, cuando he visto entrar a Braulio en la habitación seguido de aquella chica, me ha parecido ver a mi Esperanza, los mismos ojos decididos, el mismo rostro y el mismo pelo de su abuela. Mi nieta Esperanza me ha parecido una chica atractiva, inteligente, se la nota demasiado esa impaciencia que da la juventud, el encuentro ha sido para mi completamente inesperado, Braulio, se ha plantado delante de mi y me ha dicho que no soporta más esta situación, es la primera vez que Braulio me empieza a parecer alguien interesante, hasta ahora le he utilizado como a un objeto más de mi escritorio, este ataque de personalidad me ha desvelado a un Braulio con capacidad, con iniciativa, hasta él mismo se ha sorprendido, bien, me alegro por él.
    Ha hecho las presentaciones, Esperanza, D. José Antonio, yo me voy, estaré en el bar del hotel, si alguno de los dos me necesita, y ha salido por la puerta, no ha esperado mi ataque de cólera, ni mi aprobación creo que ya le da igual lo que yo piense y eso, es eso es lo que me alegra.
    -- Qué es esa historia de que eres mi abuelo?,
    Me ha soltado de pronto, sin ni siquiera extenderme la mano, ni mucho menos darme dos besos, a sonado desafiante, pero no tanto, ha sonado hasta cierto punto divertido, no se me ha gustado como ha sonado, se ha sentado en una de las butacas, por supuesto sin esperar invitación alguna, y yo la he imitado
    -- ¿quieres beber algo?
    -- No, mira, esto es muy raro, no se quien eres, no se de que va el chico este que dice que es cura que me ha traído hasta aquí, pero sobre todo, ¿Por qué vas diciendo que eres mi abuelo?
    -- ¿Sabes que te pareces mucho a tu abuela Esperanza?
    -- todos me lo dicen
    -- yo conocí a tu abuela en Guatemala,

  • Una de las figuras fundamentales

    “ Una de las figuras fundamentales para comprender la Guatemala de los años 60 es el sacerdote español, Gerardo García, que desempeño su ministerio en la capital guatemalteca hasta que apareció asesinado en su casa un mañana de 1967.
    Gerardo García fue mucho más que un sacerdote que organizó una red de ayuda para los más pobres de su parroquia, la profundidad de sus escritos, los contactos que mantenía con los dos lados de la contienda, le hacían un personaje clave para haber alcanzado una salida pacífica al conflicto.
    Gerardo García inauguro en la Ciudad de Coban unas conversaciones que lograron grandes avances para la paz. Su repentino asesinato, nunca aclarado, fue un mazazo para ese incipiente proceso de paz. ¿Si Gerardo García no hubiese sido asesinado podrían las conversaciones de Coban que él dirigía haber evitado el conflicto?.
    Una gran sombra se extiende sobre los auténticos autores del asesinato de Gerardo García, la versión oficial habló de un asalto común para robar, versión que nadie creyó, pero que fue la que oficialmente quedó como válida, pero la sombra de la sospecha pasó rápidamente a los servicios de inteligencia de EEUU, que no les interesaba una mediación como la que trataba de llevar adelante el sacerdote español”*
    * Historia reciente de Guatemala, Jorge Zazo, Vol II pag 106-107, Austral Madrid.

    Trajeron dos cafés, a ninguno de los dos realmente les apetecía, lo pidieron como un lugar común, Esperanza, miraba fijamente a Braulio, que refugiaba su vista en las servilletas o en el cenicero que había sobre la mesa, siempre que alzaba la vista cruzaba su mirada con la de Esperanza y se sentía incomodo, sin embargo le hubiese encantado poder observarla detenidamente, hubiese observado su cabello, y como le caía descuidadamente sobre el rostro, y sus ojos y sus labios que hubiese querido besar allí mismo, aunque se sorprendiese de aquellos pensamientos no podía negarlos.
    Hace unos días. Comenzó a decir, mientras alzó su mirada y clavó sus ojos en los suyos y ya no abandono su rostro nunca. Recibiste una llamada telefónica de un anciano que decía ser tu abuelo, seguramente lo tomaste como una confusión o en el peor de los casos como una broma del mal gusto, pero no decidiste no darle más importancia ¿verdad?.
    Se había quedado helada, es cierto que no había vuelto a pensar en aquella llamada que tanto la extrañó, pero también recordaba perfectamente que aquella llamada había sido el detonante para los últimos cambios de su vida. Si. Acertó a decir sin que esto significase más que un continúa por favor.
    Ese hombre es José Antonio de Luna y Kumito, Obispo de Comala ¿Te suena?. No no he oído ese nombre en mi vida, pero perdona un segundo has dicho ¿Obispo?. Si, Obispo, en fin creo que ha perdido la cabeza, Yo le he tenido siempre como un buen hombre, vino de Roma de ocupar un alto cargo en la curia Romana y el destino de Obispo de Comala era un descanso final de su vida, en el último año ha sufrido un infarto, y después del mismo su comportamiento se ha vuelto impredecible. Perdón no entiendo nada, ¿Obispo? Pero ¿Qué tengo yo que ver en todo esto?, Mi abuelo por parte de madre murió era un industrial de Barcelona y al padre de mi padre no le conocí murió en Guatemala antes de que mi abuela esperanza y mi padre siendo niño se vinieran a España, ¿Cómo va a ser mi abuelo?. Creo que lo mejor será que me acompañes a hotel y hables con él. Espera, espera, espera, vas muy rápido, no se si quiero acompañarte a ningún sitio, pero en todo caso ¿tu que pintas en esto?. Respiró hondo sabía que en algún momento de la conversación él tendría que responder a esa pregunta. Soy sacerdote y secretario de D. José Antonio y me ha pedio que le acompañe a Barcelona, que te siga, en fin y yo en lugar de avisar a su medico personal he seguido su locura, pero esto se acaba hoy, voy a llamar al médico que venga a por él. ¿Eres sacerdote?. Si, bueno….. en fin…..
    No creía, ni tenía relación especial con la Iglesia, ¿porque la impresiono tanto que aquel joven que la estaba poniendo tantísimo fuese sacerdote? ¿Serían prejuicios de su infancia? Sintió desilusión en un primer segundo y luego se mordió el labio y pensó ¿por qué no?

  • Gracias a Dios

    Gracias a Dios Esperanza acepto mi ofrecimiento para sacarla de Guatemala; siempre he sabido que si lo hizo, fue por su hijo, no por estar en Europa y por lo tanto más cerca de mí. Me amo con la pureza y la verdad y jamás me pidió una explicación, si comprendió que mi ministerio sacerdotal me llamaba de una forma más poderosa que el calor de su cuerpo y la gloria de su sonrisa, nunca lo sabré. Nunca en Barcelona trato de ponerse en contacto conmigo, se que retiraba el dinero que mensualmente ingresaba en una cuenta del banco de Santander.
    Si Esperanza se hubiese quedado en Guatemala hubiese sido asesinada, por la Guerrilla o por los paramilitares, como lo fueron tantos otros. ¿Porqué motivos permitimos aquello? ¿Qué tuvo que ver la muerte de Gerardo García en todo el engranaje posterior que desembocó en el desastre que fue Guatemala.
    Durante años viví pensando en que la muerte de Gerardo García fue un mal menor como me dijo el viejo lobo de Gerardi; el cardenal responsable del IOE, de alguna manera el se lo ha buscado, podía haber vuelto a Roma conmigo, le hubiesen mareado un par de meses en el Vaticano y luego un par de años en un dicasterio y a España a dar clases en un seminario, se hubiese integrado en los sectores más progresistas de la Iglesia Española que luchaba tímidamente contra el franquismo, pero no quiso, prefirió morir en Guatemala ¿Por qué le matamos? ¿Por qué le mate?
    Cada día siento más cercana mi muerte, me gustaría saber antes de irme, se que lo que hice con Gerardo García fue injusto, pero tengo la intuición de que además generó más dolor del que jamás he imaginado.
    Estos meses de atrás cayó en mis manos un libro sobre la historia reciente de Guatemala, analizando los momentos anteriores a la Guerra Civil, en un momento dado el historiador se hace una pregunta: “¿Si Gerardo García no hubiese sido asesinado podrían las conversaciones de Coban que él dirigía haber evitado el conflicto?

  • Llevaba, apenas tres días viviendo en la casa de su padre,

    Llevaba, apenas tres días viviendo en la casa de su padre, y era como si nunca se hubiese ido, sus hermanas peleándose continuamente, sus padres, viviendo en ese distanciamiento afectivo y formal, que hacía difícil imaginárseles compartiendo confidencias, Jennifer, sirviendo el desayuno, recogiendo la mesa, ocupándose de su ropa, con la misma sonrisa, pagada, y la misma eficiencia de siempre, después de llevar dos años luchando con las lavadoras, las planchas, los platos, tardó muy poco en aconstumbarse a sentirse servida.
    Fue al tercer día de vivir en casa de su padre, cuando empezó a sentir aquella irracional sensación de que alguien la seguía, las primeras veces no le dio importancia, en ocasiones, en el metro, en el autobús o por la calle, se había sentido mirada, en ocasiones de manera descarada, era una sensación extraña pero no desagradable, a veces en la cama había fantaseado con aquel chaval que no paraba de mirar su escote en el metro.
    Pero ahora era distinto, se sentía vigilada, no mirada con ansia o lascivia, solo vigilada, así que empezó a fijarse más en su entornó, a ver si descubría el causante de aquella sensación.
    A los tres días llegó a la conclusión de que un chaval de unos 30 años, la seguía, discretamente, y sin hacer ningún esfuerzo por no perderla, cuando ella intentaba darle esquinazo, pero de vez en cuando estaba en los lugares en los que ella estaba.
    Se acaba de sentar enfrente de ella en el metro, lleva zapatos negros, pantalón de vestir negro, demasiado serio y formal para un chico tan joven y un polo amarillo, perfectamente afeitado y el pelo rubio cortado muy corto, no lleva gafas, ni anillos y se distrae leyendo un libro que lleva forrado con papel de periódico, esta bueno, piensa, la extraña su pensamiento, la esta siguiendo un hombre y cuando lo encuentra cara a cara lo único que piensa es que esta bueno.
    No es que este bueno, no esta mal, eso es evidente, pero es algo más, tiene algo que le llama la atención, no sabe como expresarlo, tal vez sea la mirada o la manera de sujetar el libro, tal vez sea esa sensación de estar él tan incomodo como ella, el caso es que esta apunto de llegar a su destino en el metro pero no sabe si bajarse o seguir un para de estaciones más para seguir observándole, se baja, pasa para llegar ala puerta del vagón justo por delante del chico, intenta oler su perfume, pero no detecta olor alguno, se da cuenta que el chico se levanta y sale también del vagón, la siegue entre las decenas de personas que caminan por el anden, no se siente en peligro, el chico, pese a que la lleva siguiendo varios días o precisamente por eso, no la da sensación de peligro, si hubiera querido hacerme daño ya ha tenido suficientes oportunidades, sale a la calle, es una tarde limpia y fresca, luminosa y ruidosa, en aquel punto de su Barcelona, se para en la marquesina de una parada de autobús para hacer como que lee el mapa de situación, esto obliga a su seguidor a adelantarla un poco desconcertado y ahora es ella la que le sigue, vuelve la cabeza y se da cuenta e lo que ocurre, se esta poniendo nervioso, ella lo nota, esta disfrutando de la situación, no sabe por que pero siente una excitación casi sexual, en lo que está ocurriendo, sabe que se le han puesto los pezones duros, antes de mirarse la blusa que lleva para confirmarlo, se esta excitando siguiendo a su perseguidor, es todo tan ilógico, se encuentra siguiendo al hombre que la sigue y con unas ganas irrefrenables de masturbarse.
    El chico esta completamente confundido, al pasar delante de una cafetería entra y se sienta en un mesa, ahora es ella, la que no sabe que hacer, le quedan poco menos de 50 metros para decidir si dar media vuelta y olvidarse, si seguir de frente y pasar por delante de la cafetería o entrar y ver que pasa.
    Entra y va directamente a la mesa en la que el joven se encuentra, se sienta en la silla que hay enfrente de él, esta realmente bueno, piensa mientras le dice, ¿por qué me estas siguiendo?, Perdona, creo que estas confundida, no sabe que hacer con las manos ni donde poner los ojos. Sabes que no, llevas siguiéndome tres días y como no me digas que coño quieres llamo ahora mismo a la policía. No sabe lo que dice o lo dice sin pensar, pero por la cara del chico se da cuenta de que ha quedado convincente. Yo, yo, no quería molestarte. Es sincero o al menos a ella se lo parece, el concentra toda su atención en la servilleta del bar con el logotipo de la cafetería impreso en tinta roja, esta muerto de vergüenza o es el mejor actor del mundo. Me llamo esperanza. Y sonríe, y su sonrisa parece que ilumina la oscura cafetería a los ojos de Braulio, que al darse cuenta de lo que acaba de sentir, se remueve entero por dentro. Lo se, se que te llamas Esperanza, que hasta hace pocos días vivías en la calle Sánchez Vargas 23, que te has mudado a casa de tus padres, que has vuelto a la facultad, perdón, me siento avergonzado, no he querido asustarte. ¿Cómo te llamas? Braulio, Braulio Rodríguez. Por que me sigues Braulio. Bueno, no debería decírtelo pero, mira estoy yo hartado de esta historia, creo que no aguanto ni un solo día más y el hecho de que me hayas descubierto es una manera para acabar de una vez con todo esto. Se anima, se esta tranquilizando, por primera vez en aquellos 15 días que llevaba en Barcelona con el Obispo D. José Antonio, se estaba sintiendo bien y haciendo lo que tenía que hacer y continuo diciendo mientras miraba a Esperanza y sentía que era preciosa y se avergonzaba de aquel sentimiento. Soy una victima como tú, estoy obedeciendo una orden injusta y sin sentido de un viejo que ha perdido la cabeza y yo en lugar de avisar a los médicos me he dedicado a obedecerle en virtud de una promesa de obediencia que tengo hacía él. No te entiendo nada, pero me gusta mucho como hablas. Los dos se ruborizaron. Pedimos un café, propuso él.

  • tenia que despedirse de Jorge

    Tenía que despedirse de Jorge, en el fondo, los años de convivencia, aunque habían ido apagando la pasión y aquella locura que la hizo dejarlo todo y salir corriendo tras él, habían ido creando entre los dos una red de complicidad y sobreentendidos que hacía la vida muy cómoda y calida.
    Esperaba que lo entendiera, que no montase ninguna escena, que asumiese con paz que esto se acababa, sino había luchado por mantener el fuego no tenia sentido que ahora se afanase por mantener las brasas, simplemente no pudo ser. Y sintió la necesidad de agradecer a Jorge aquellos dos años que ahora de golpe daba por terminados. Se lanzó a la calle, tras la ducha con el pelo húmedo y rizado, le gustaba esa sensación de vida recién estrenada que le daba sentir el aire sobre su cabeza húmeda. Sus pasos la dirigieron a aquella joyería, donde estaba aquel reloj que siempre quiso regalarle y que su economía maltrecha nunca le permitió hacer, pero el dinero ahora que ya había decidido volver a la casa protectora de su padre era lo de menos, tras la joyería se fue al supermercado y compró algo especial. Una cena y un reloj; talvez no era la mejor manera de despedir una relación pero somos hijos de nuestro tiempo y nuestra cultura, así es como se imagino ella que se hacían las cosas en las películas y así las hizo.
    No fue ni tan mal como cabía esperar ni tan bien como ella había imaginado, Jorge se había adaptado aquella vida, aquella presencia y decir de la noche a la mañana que de todo aquello nada, no le fue fácil de encajar, tal vez el pensaba, que esto tendría que llegar, pero se lo había imaginado de otra manera, una época de crisis, algunas discusiones un enfrentamiento, una ruptura motivada por alguna causa y tras un tiempo de preparación la separación.
    Esta ruptura así radical y por que sí, sin ningún detonante lo desconcertó lo hizo sospechar que había algo más pero termino aceptándolo y al cabo de un par de semanas volvió a dormir de un tirón toda la noche.
    Esperanza volvió a casa de su padre, que la recibió con los brazos abiertos, también pensó que algo tendría que haber pasado con aquel hombre con el que vivía, para que se volviese así sin más, para que se rindiera sin condiciones, de hecho hizo algo que jamás se hubiese imaginado; fue a buscar a Jorge al trabajo y al encontrarlo a él más confuso que él mismo dio por buena la explicación de su hija, de que no ocurría nada, sino que simplemente volvía todo a ser como antes, como si aquellos dos años de rebeldía de enfrentamientos y desencuentros hubiesen terminado por que si.

  • la llamada telefónica

    La llamada telefónica, le había sacudido, había pasado días, meses, semanas, en las que había vivido sin sentirse, estaba pero no era, sabía que algo no iba bien, pero sentía pereza de mirarse a fondo, porque ya le daba igual si Jorge se retrasaba uno o dos horas, al volver del trabajo, mejor, más tiempo para mi, pensaba. Pereza de sentir que aquel apartamento nunca le había sentido como su casa, pereza de pensar que si “esto” fallaba habría tenido que volver a casa de sus padres, y se dejaba llevar sabiendo que el tren marchaba desde hacía varios meses hacía un vía muerta, su única pregunta era ¿Cuántos kilómetros tendrá esta vía muerta?.
    Pero la llamada telefónica de final de la mañana la había despertado, al colgar a aquel anciano que decía ser su abuelo y que sabía su nombre, había mirado, su bolsa de libros y su compra, la cocina sin recoger, el mini salón y su mini vida, y había decidido sin saber muy bien por que cambiar, afrontar la vida, dar alguna dirección a aquel tren. Para empezar; si era verdad que ya no sentía nada por Jorge, lo dejaría, se centraría en la universidad un curso no es tanto se dijo, y volvería a vivir con sus padres, sería duro, pero tampoco había ocurrido nada entre ellos que hiciese imposible volver, tomaría la actitud de hija prodiga, arrepentida. Y todo esto lo decidió en los segundos inmediatamente después de colgar el teléfono aquel chiflado, que decía ser su abuelo.
    Se duchó, se entretuvo más de lo que solía acostumbrar, sentía que el agua recorriendo su cuerpo la limpiaba no sólo por fuera, había hecho en los últimos dos años demasiadas tonterías, no podía más estaba cansada, quería romper con todo y empezar de cero, y se entretuvo frotándose su cuerpo, se miro el vientre, se lo acaricio y no pudo contener las lagrimas que se mezclaron por sus mejillas en el agua.
    Hacía casi un año del aborto, y aún se le saltaban las lagrimas. Nadie la presiono para hacerlo, casi nadie de hecho supo lo del embarazo, Jorge le dijo que ella vería, y sus padres, nunca supieron nada. Era para ella un problema vital, no moral, ni mucho menos religioso, asunto este que la traía sin cuidado, era un problema fisiológico, de sentir un agujero en el centro de sus entrañas, y de dolor, pues este agujero la dolía.
    Cuando salió de la ducha era un mujer nueva, ya no tenían sentido todos lo planes que tenía para la tarde, debía empezar a preparar su nueva vida

  • ¿Esperanza?

    -- ¿Esperanza?
    -- Si, soy yo ¿Quién es?
    Dejó una bolsa de tela, en la que llevaba los libros que acababa de coger prestados en la biblioteca del barrio, y se deshizo también de otra bolsa del Caprabo donde estaba el pan y unas lastas que había cogido camino de casa,
    -- no, no me conoces, pero me gustaría hablar contigo,
    -- pero… que es esto, quien es usted?
    -- prefiriria decírtelo en persona,
    -- pero que dice, quien es usted, quien le ha dado mi numero de teléfono.
    Se había quedado parada en el recibidor minúsculo como todo el piso que compartía con Jorge, se había decidido por él, por su situación, pero ya desde los primeros momentos de vida en común se dieron cuenta de que aquello era excesivamente pequeño, sin embargo aunque se habían prometido varias veces comenzar a buscar algo, siempre retrasaban el momento, Esperanza, cada día estaba menos segura de querer seguir viviendo con Jorge, y Jorge por que en el fondo, la pereza le podía, en esto del piso como en casi todo.
    --- no te preocupes, como ves por mi voz soy un anciano, no soy peligroso
    --- me da lo mismo que sea usted un anciano, no voy a quedar con alguien que me llama por telefono, sabe mi nombre, y no me dice quien es,
    -- espera no cuelgues por favor,
    -- soy tu abuelo,
    Se le heló la sangre, su abuelos habían muerto cuando ella era muy pequeña, el abuelo, Josep, el padre de su madre había sido un industrial relativamente conocido de Barcelona, ella apenas tenia imágenes en su recuerdo de aquel, hombre, alto y fuerte, con que vestía siempre con un traje negro, y que la sonreía desde la distancia, y al padre de su padre nunca lo conoció murió en Guatemala antes de que su madre padre y la abuela esperanza vinieran a España.

  • ¿Esperanza?

    -- ¿Esperanza?
    -- Si, soy yo ¿Quién es?
    Dejó una bolsa de tela, en la que llevaba los libros que acababa de coger prestados en la biblioteca del barrio, y se deshizo también de otra bolsa del Caprabo donde estaba el pan y unas lastas que había cogido camino de casa,
    -- no, no me conoces, pero me gustaría hablar contigo,
    -- pero… que es esto, quien es usted?
    -- prefiriria decírtelo en persona,
    -- pero que dice, quien es usted, quien le ha dado mi numero de teléfono.
    Se había quedado parada en el recibidor minúsculo como todo el piso que compartía con Jorge, se había decidido por él, por su situación, pero ya desde los primeros momentos de vida en común se dieron cuenta de que aquello era excesivamente pequeño, sin embargo aunque se habían prometido varias veces comenzar a buscar algo, siempre retrasaban el momento, Esperanza, cada día estaba menos segura de querer seguir viviendo con Jorge, y Jorge por que en el fondo, la pereza le podía, en esto del piso como en casi todo.
    --- no te preocupes, como ves por mi voz soy un anciano, no soy peligroso
    --- me da lo mismo que sea usted un anciano, no voy a quedar con alguien que me llama por telefono, sabe mi nombre, y no me dice quien es,
    -- espera no cuelgues por favor,
    -- soy tu abuelo,
    Se le heló la sangre, su abuelos habían muerto cuando ella era muy pequeña, el abuelo, Josep, el padre de su madre había sido un industrial relativamente conocido de Barcelona, ella apenas tenia imágenes en su recuerdo de aquel, hombre, alto y fuerte, con que vestía siempre con un traje negro, y que la sonreía desde la distancia, y al padre de su padre nunca lo conoció murió en Guatemala antes de que su madre padre y la abuela esperanza vinieran a España.

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